jueves, 10 de noviembre de 2011

Hipocresía

Hace poco ví el documental 11-S: El día que cambió el mundo que trata sobre, como su propio nombre indica, los atentandos del 11 de septiembre de 2001 y de la actuación del gobierno estadounidense aquel día ante el ataque, en mi opinión, lenta e ineficaz. Si quieres ver este documental, pincha aquí. Verlo me ha llevado a pensar en lo que puede llegar a hacer alguien por su fanatismo así como la hipocresía de los gobiernos, que llevan a toda una sociedad a sumirse en una guerra que muchos no han elegido luchar.

Es cierto que al ver una persona por la calle de aspecto árabe siempre sentimos, aunque no todos, rechazo y medio, algunas veces por lo que los propios islámicos fanáticos han hecho pero, sobre todo por lo que occidente nos hace pensar a los ciudadanos, vendiéndonos esa idea de que todos los individuos de oriente van con bombas bajo sus ropas. Es lógico que no por seguir la religión islámica vamos a pertenecer a Al Qaeda, ni por ser aleman vamos a ser nazis, ni por ser vascos a ETA, etc. pero solemos tender a generalizar y etiquetar a la gente rápidamente por lo que los gobiernos y los medios de comunicación nos exponen de la realidad. Como ejemplo podría verse un capítulo de South Park en el que los protagonistas madan un dólar a Afganistan y allí los niños afganos no entienden por qué USA les manda billetes de dólar y deciden enviar una cabra en respuesta. Por una serie de circunstacias Kyle y y cía viajan a Afganistan para deolver la cabra y en esos momento se expone la realidad que vive cada uno. Los niños estadounidenses ven a USA como lo bueno y que están en el país islámico combatiendo el mal, mientras que los niños afganaos ven al país americano como el gran mal que destruye su país y mata a sus familias. Así pues ¿quíen es el malo?

Tras ver el programa de Salvados del 11 de septiembre, llamado Islamofobia tras el 11-S, que puedes ver pinchando aquí, me hace pensar que ambos bandos tienen la culpa, un día alguien atacó a alguien, éste respondió, el otro devolvió la respuesta y así hasta nuestros días, encontrándonos con una guerra que ya no se sabe como empezó. Esta cultura del odio, en la que cada bando odia y se hace odiar cada día más, también hace que se creen más fanáticos de uno y otro bando por lo que es un círculo vicioso que cada sería más fácil de solucionar.

Nuestro odio provoca su odio y nuestro rechazo aumenta su fanatismo. Es cierto que ya de por sí el Islam, en su modo más radical, implica el exterminio de todo áquel que se resista, pero el rechazo, odio y actuación de Occidente conlleva a muchos a pasarse a este bando radical. Con esto no digo que no se persiga este radicalismo si se asienta en nuestro país, sino todo lo contrario, hay que hacerlo así como reprimirlo, pero esto no implica a perseguir a todos los islámicos por serlo, sino a aquellos que de verdad son una amenaza, es decir, los radicales. Y no nos confundamos, porque a veces el enemigo vive bajo nuestro techo y es en el que más confiamos por ser de donde somos nosotros.

0 comentarios:

Publicar un comentario