Se levantó, estaba cansada y se sentía extraña, ¿qué pasaba?. Miró a su derecha y vio una luz roja, luego su brazo, tenía una marca con un dibujo de un cigarro. Anoche. Recordó los tacones y empezó a sentir punzadas en los pies, ¿por qué había abandonado las bailarinas? No lo entendía. Se sentía confusa, muchos pensamientos rondaban su mente. Decidió levantarse, pero sintió que las piernas le fallaban al ponerse de pie unido a un pequeño mareo. Anoche había sido una locura. Recordó una cara, que le trajo una sensación que le llevo a otra cara y otro recuerdo totalmente diferente. Se sintió sin fuerzas, por lo que se sentó en la cama, apoyando la cabeza contra la pared. Extendió el brazo y logró alcanzar el mando a distancia del equipo de música, lo encendió, sin recordar que cd había puesto, y le dio al play. Aerosmith, I don't wanna miss a thing, una buena canción para ese momento. Subió el volumen y se dejó envolver por el increíble sonido que brotaba de los altavoces a la vez que cerraba los ojos y inclinaba la cabeza hacia arriba. Que gran instante. Perdió el sentido del tiempo, sólo sentía canción tras canción, hacía mucho que no tenía un momento parecido. Al cabo de media hora sus tripas sonaron a la vez que le invadió una intensa hambre, “ojalá tuviera un mayordomo que me trajera la comida”. No tenía fuerzas para levantarse a la vez que se moría de hambre así que al final optó por incorporarse e ir a la cocina a preparar algo. Se encontró con su compañero de piso, estaba limpiando la sala muy contento, con su música puesta. “¡Hola!, ¿no has ido a clase?”, “que va, no oí el despertador”, comenzaron a hablar mientras se preparaba un arroz tres delicias marca Hacendado. Su compañero volvió a la sala y ella decidió comer en su cuarto, ya que la sala estaba patas arriba en ese momento. Se puso un capítulo de Stargate y comenzó a comer. Pensó en lo bueno que estaba el arroz a la vez que se dió cuenta de que tenía una pequeña herida en el brazo derecho, volviendo a su mente recuerdos de la noche anterior. Se miró el pie y encontró lo que esperaba: un moratón. Anoche se le había caído encima la botella para pasar al suelo y romperse en mil añicos. Últimamente eso le pasaba demasiado. “Tengo que dejar de tirar botellas al suelo, bueno, de tirar siempre cosas, en general”, pensó. De nuevo sensaciones y sentimientos rondaron por su cabeza, aunque no sabía muy bien lo que pensar acerca de ellos. Tras terminar de comer y fregar, volvió a su cuarto y encendió de nuevo el equipo. Puso La Fuga, subió el volumen y sintió la música, ahora ya de pie, con la luz apagada. Pensó que era la mejor manera de vivir ese día, a su bola, en vuelta en si misma, con la música, pasando del mundo y de lo que la rodeaba. Era feliz.